martes, 13 de abril de 2010

Argumentos contra el escepticismo

2.2 CRÍTICA AL ARGUMENTO DE LA ILUSIÓN

Las conclusiones a que conduce el argumento de la ilusión son tremendamente contra-intuitivas. Muestran que estamos realmente equivocados al creer que percibimos objetos externos. Pero ¿podemos estar tan equivocados?

Según el profesor Garrett Thomson se puede percibir uno de los problemas del el argumento de la ilusión utilizando un argumento análogo: argumento de la alucinación. El argumento se puede expresar del siguiente modo:

De acuerdo con el análisis de Thomson, una persona perdida en un desierto al ver un espejismo podría razonar así:
1. Estoy viendo algo
2. No estoy viendo un objeto externo
3. Dado que estoy viendo algo, estoy viendo un objeto externo o estoy viendo mis propias ideas.
4. Por tanto, estoy viendo mis propias ideas. (Thomson, (1999: p. 56.)).

El argumento de la ilusión trata de mostrar que lo que vemos son objetos mentales. De igual forma el argumento de la alucinación intenta probar que cuando alucinamos estamos viendo objetos mentales. De acuerdo con esta crítica, hay un problema en el argumento de la alucinación que se aplica al argumento de la ilusión. El problema consiste en que la primera premisa (estoy viendo algo) asume que cuando una persona alucina está viendo algo. Esto es una petición de principio, ya que en la primera premisa del argumento se asume lo que se quiere probar. Debido al supuesto de que lo que se ve cuando se tiene una alucinación es una cosa es que el argumento de la alucinación es válido. Sin embargo, necesariamente no tenemos que aceptar que lo que vemos cuando alucinamos es una cosa.

2.3 UNA POSICIÓN ALTERNATIVA: REALISMO DIRECTO

¿Realmente estamos viendo algo cuando alucinamos? El argumento de la alucinación asume que sí. Aún así esta afirmación puede ser cuestionada. En otras palabras, esa teoría de la percepción puede ser puesta en duda.

Hay una posición alternativa que se opone a considerar la experiencia perceptual como una cosa. Tal posición es llamada realismo directo . Según el realismo directo, no podemos asumir que lo que experimentamos son entidades mentales, u objetos mentales. Asumir esto es suponer que el contenido de la experiencia consiste en una galería de objetos mentales. Tratar los contenidos de la mente como cosas puede ser un error. Podemos argumentar que el contenido perceptual no es una cosa, sino una manera particular de percibir. Esto implica que cuando una persona alucina está teniendo una experiencia inusual y que no hay objetos mentales que representen en ese momento directamente lo que está viendo. De este modo, si se reemplaza la premisa 1 por: Estoy teniendo una experiencia visual, el argumento original, atrás mencionado, es inválido.

Con el argumento de la ilusión ocurre exactamente lo mismo. La premisa 3 (los colores que percibo pueden cambiar sin que haya un cambio en el objeto mismo) presupone que los colores que percibo son objetos mentales o cosas mentales. Esto es una petición de principio, ya que la premisa asume que lo que puede cambiar sin que ocurra un cambio en el objeto mismo, es alguna cosa que yo percibo. La posición alternativa (que percibimos objetos directamente) puede afirmar que lo que cambia sin ninguna alteración en el objeto mismo es la manera en que percibimos y no un objeto mental. Así, la premisa 3, del argumento de la ilusión, se puede cambiar por: La manera en que percibo el color puede cambiar sin que ocurra un cambio en el objeto mismo. Al poner esta nueva formulación de la premisa 3 en el argumento original de la ilusión no se puede concluir que percibimos objetos mentales. El argumento se convierte en inválido y nada razonable.

Es importante mostrar que Descartes, Locke y Berkeley utilizan la palabra idea para señalar que el contenido de la experiencia es un objeto o cosa mental. El realista directo desafía esta posición. Afirma que estos autores están en un error al tratar el contenido experiencial como una cosa. El contenido de nuestra experiencia es sólo una manera de percibir y no una cosa adicional a los objetos externos.

Para entender mejor al realista directo se pueden comparar los contenidos experienciales o ideas con los estados de ánimo. Los estados de ánimo son una cierta manera de sentirse. Estar contento o triste no es tener una cosa mental. Es, más bien, tener cierta disposición o indisposición anímica, es la manera en que nos sentimos. Análogamente, una idea o contenido experiencial es la manera en que percibimos las cosas del mundo externo.

Uno de los elementos que conduce a la cosificación de las ideas es la ambigüedad de las expresiones con las que nos referimos a lo que percibimos. Oraciones castellanas tales como ‘veo una señora que sube al auto-bus’, no hacen la distinción entre el contenido de mi visión y el objeto externo que existe independientemente de que yo lo perciba. El realista directo señala que debemos distinguir entre nuestros contenidos mentales y los objetos a los que intentan describir esos contenidos. Afirma que los datos sensoriales (o ideas) no son cosas y que debemos utilizar expresiones que no conduzcan a la cosificación.
“¿Hay cosas tales como datos sensoriales? Si y no: hay datos sensoriales, pero es erróneo cosificarlos. La elaboración de esto la mantendré paralela a la discusión de los estados de ánimo. Primeramente, entonces, los únicos enunciados inteligibles acerca de datos sensoriales son enunciados acerca de que seres sensibles (“gente”, para abreviar) los tengan, los aprehendan, los perciban, etc. Y, en segundo lugar, cualquier enunciado acerca de que alguien tiene, etc, un dato sensorial es equivalente a un enunciado explícitamente no relacional acerca de esa persona que le atribuye cierto estado sensorial, diciendo cómo está sensorialmente. Baso esta segunda observación en la disponibilidad de ecuaciones de la forma:

El tiene un dato sensorial Ø

= Le sucede como si estuviera percibiendo un...

= Está afectado sensorialmente de la manera
como usualmente lo está cuando percibe un...

Si tengo razón en ambas observaciones, entonces todos los enunciados acerca de datos sensoriales pueden expresarse totalmente como enunciados no relacionales acerca de la gente y esto es por lo que es erróneo cosificar los datos sensoriales, pues mis dos observaciones implican que los datos sensoriales no son cosas sino estados sensoriales”. (Bennett, (1971: p. 50.)).

Decir que los contenidos mentales no son objetos sino la manera en que percibimos, no es ofrecer un argumento en contra de la teoría de la cosificación de las ideas. Pero ofrecer una alternativa de la percepción sugiere que no podemos aceptar la cosificación de las ideas sin un argumento adicional que rechace el realismo directo. Similarmente, aunque el argumento de la ilusión falle no debemos inferir que la conclusión (sólo podemos percibir directamente nuestras propias ideas) es falsa.

Aquí hay otro punto importante que señalar. Lo dicho hasta ahora no constituye un argumento contra la teoría de la percepción según la cual sólo podemos percibir nuestras propias ideas o nuestros propios datos sensoriales. Sin embargo, podríamos elaborar un argumento al respecto mediante el viejo procedimiento del modus tollens. El punto es que la teoría cartesiana de la percepción implica que la frase “existen objetos externos” es una hipótesis empírica que podría ser derrotada por otras hipótesis –como, por ejemplo, la hipótesis del genio maligno. Sin embargo, quizás la afirmación de que existen objetos externos no sea una hipótesis en absoluto. Si no lo es, entonces la teoría cartesiana de la percepción implica una falsedad –i.e., que la tesis de que existen objetos externos es una hipótesis- y, por tanto, también es falsa.

Varios filósofos han argumentado que la afirmación “existen objetos externos” no es una hipótesis empírica (ver, por ejemplo, Kant (1788: pp. 246-258); Stove (1993, cap. 4. El Culto a Platón y Otras Locuras, Editorial Cátedra, Madrid); Searle (1992: p. 167.)). Veamos, por ejemplo, el razonamiento de John Searle:

“El realismo, afirmo, no es una hipótesis, creencia o tesis filosófica; (…) Mi compromiso con el ‘realismo’ se exhibe en el hecho de que vivo del modo en que lo hago, conduzco mi coche, bebo mi cerveza, escribo mis artículos, doy mis clases, y esquío mis montañas. (…) Mi compromiso con la existencia del mundo real se manifiesta cuando quiera que hago cualquier cosa. Es un error tratar ese compromiso como si fuese una hipótesis, como si, además de esquiar, beber, comer, etc., mantuviese una creencia –hay un mundo real independiente de mis representaciones de él-. (…) La mayor parte de las discusiones contemporáneas sobre el realismo son estrictamente sinsentidos, porque el mismo planteamiento de la cuestión, o de hecho de cualquier cuestión en absoluto, presupone el realismo (…) ¿Hay un mundo real independiente de mi representación de él? no puede ser una cuestión totalmente significativa (…) Esto no es decir que el realismo sea una hipótesis verdadera; más bien es decir que no es una hipótesis en absoluto, sino la precondición para tener hipótesis”. (Searle. (1992: p. 167.)).

Adicionalmente a este punto, para defender el realismo directo y rechazar la teoría de la cosificación existe un argumento elaborado por Kant, que veremos a continuación.


2.4 REALISMO DIRECTO EN KANT

Aunque el realismo directo no pueda considerarse una hipótesis empírica podemos explicarlo. Kant es el primero en desarrollar este punto de vista en su brillante obra Crítica de la Razón Pura. Allí Kant afirma que existen objetos externos independientes de nuestra percepción de ellos.

Se pueden encontrar numerosas afirmaciones que implican que Kant está comprometido con el realismo directo. Por ejemplo, en (A 371) dice Kant: “Existen, pues, cosas exteriores, como existo yo mismo”. Más adelante, en (A 375) “el realismo empírico está fuera de toda duda”. Y en (A 377) “la percepción externa demuestra inmediatamente una realidad en el espacio”. Sin embargo, estas afirmaciones sueltas no prueban que el realismo es verdadero.


Kant considera que la teoría de la percepción asumida por Descartes, Locke y Berkeley distorsiona nuestra posición real en el mundo y esto es lo que hace necesario que se tenga que explicar cómo es posible nuestro conocimiento del mundo. Según Kant, estos autores caen en el idealismo debido a que consideran que el conocimiento de los objetos no es directo sino inferencial. Kant se opone a este punto de vista y asegura que nuestro conocimiento de los objetos espacio-temporales es directo (o no inferencial). De este modo, en (A 371) afirma que para tener conocimiento del mundo éste debe tener “una realidad que no deje lugar a la inferencia, sino que sea inmediatamente percibida”.
Kant está comprometido con el punto de partida del sentido común que afirma que nuestra percepción nos proporciona conocimiento directo de los objetos externos. A la vez, cree que es un error considerar que el conocimiento de los objetos externos es inferencial o indirecto. Sin embargo, es consciente de que la única manera de probar el realismo es mostrando un argumento contra el idealismo (que es la única opción que se le opone). Así, al demostrar que el idealismo es falso, se probará automáticamente que el realismo es verdadero.

En el añadido más importante que Kant le hace a la Crítica, Refutación del Idealismo, se encuentra el desarrollo y explicación del argumento a favor de la tesis realista. El argumento aquí presentado es una vuelta del idealismo contra sí mismo. En palabras de Kant: “la argucia esgrimida por el idealismo se vuelve contra él mismo(…) (B 276)”. Con esta afirmación Kant sugiere que la existencia de los objetos espacio-temporales se presupone en la existencia de la conciencia o pensamiento. De este modo, lo que Kant desea mostrar es que el cogito cartesiano (cogito ergo sum; pienso, luego existo) es un error, pues el pensamiento no puede probar la existencia de los objetos espacio-temporales debido a que los supone antes de probarlos. En las siguientes citas puede verse este punto:

“(…)la conciencia de mi propia existencia constituye, a la vez, la conciencia inmediata de la existencia de otras cosas fuera de mí”.(Kant, (1788: p. 248, B 276.)).


“(…)La representación ‘yo existo’, que expresa la conciencia que puede acompañar a todo pensamiento, constituye lo inmediatamente incluido por la existencia de un sujeto, pero no es todavía un conocimiento de este sujeto ni es, consiguientemente, un conocimiento empírico, es decir no es todavía experiencia. Para que lo fuera haría falta una intuición, aparte del pensamiento de que algo existe, y, en este caso, una intuición interna. El sujeto tiene que ser determinado con respecto a ésta –el tiempo-, lo cual requiere que haya objetos exteriores”.(Kant. (1788: p. 248, B 277.)).

El argumento en contra del idealismo (tanto ‘dogmático’ como ‘problemático’) se encuentra expresado en la Refutación del Idealismo. El argumento puesto silogísticamente es como sigue:

1. La conciencia de que existo está determinada por el tiempo.
2. Toda determinación de tiempo requiere algo permanente en la percepción.
3. Lo que permanece es una experiencia perceptual o un objeto independiente de mi.
4. Lo que permanece no es una experiencia perceptual.
5. Por tanto, lo que permanece es un objeto independiente de mi .

Con la primera premisa Kant quiere afirmar que sólo podemos ser conscientes de nuestra existencia en una secuencialidad. Nuestro sentido interno se hace consciente en la medida en que el tiempo lo determina. La conciencia de la existencia se halla ligada al tiempo con lo que ésta debe presuponerlo. De este modo, en una escala de prioridades el tiempo debe estar primero que la conciencia.

La segunda premisa es la más importante en el argumento. Kant está afirmando que el tiempo sólo puede establecerse con base en algo externo que permanece. El tiempo sólo es posible si hay algún objeto externo relativamente permanente en el que se aplique. Así, en nuestra escala de prioridades, algo que permanece debe existir antes que el tiempo.

La tercera premisa es una dicotomía. Dice que es posible que lo que permanezca sea una experiencia perceptual (como creen los idealistas). O que lo que permanezca sea un objeto externo independiente de nuestra percepción de él (como afirma el realismo).

Con la cuarta premisa kant niega que lo que pueda permanecer sea una experiencia perceptual. Kant afirma que no hay manera de determinar un estado interno por medio de otro estado interno, debido a que para la determinación se requiere algo que permanezca. Y lo que permanece debe ser necesariamente un estado de objetos fuera de la experiencia interna.

Con este argumento Kant muestra que la experiencia interna sólo es posible mediante la experiencia externa y, por tanto, que cualquier tipo de experiencia interna necesita primero partir de la existencia de los objetos externos.

El argumento kantiano contra el idealismo es una prueba de que el argumento idealista se puede destruir a sí mismo. Sin embargo, hay otro argumento que, apartado de esta estrategia, consigue también ‘refutar al idealismo’.



2.5 EL ARGUMENTO DEL LENGUAJE PRIVADO

Como hemos visto, la teoría de la percepción asumida por Descartes, Locke y Berkeley (sólo podemos percibir nuestros propios datos sensoriales o ideas) implica que estamos confinados en un mundo privado al que nadie puede acceder (esta es la posición solipsista). Por esto es que estos autores con la palabra ‘idea’ quieren referirse a los objetos privados de la mente del perceptor. No hay manera de acceder a las ideas de otra persona, ya que el significado de éstas es propio del preceptor que las concibe.

Es claro que la teoría de la percepción adoptada en el argumento a favor del idealismo actúa como una premisa que implica la incapacidad de salir de nuestros propios pensamientos. Esta implicación se extiende al lenguaje, de modo que si es verdadera, entonces el lenguaje debe ser un instrumento privado. Sin embargo, si podemos probar que el lenguaje no puede ser privado, nuevamente por la regla del modus tollens, la teoría de la percepción sería falsa.

En esta dirección hay un argumento que puede refutar la posibilidad de un lenguaje esencialmente privado y significativo y con ello esta teoría. El argumento se debe a Ludwig Wittgenstein y es conocido como el argumento del lenguaje privado. El argumento se puede expresar como sigue:

1. El lenguaje para ser significativo requiere la posibilidad de error.
2. En un lenguaje esencialmente privado no hay posibilidad de error.
3. Por tanto, un lenguaje privado y significativo no es posible

La teoría del significado implícita en este argumento afirma que cualquier palabra, oración o expresión para ser significativa debe poder utilizarse incorrectamente. Por ejemplo, si la expresión mesa tiene sentido es porque la puedo aplicar incorrectamente y llamar mesa a una silla. Así, en un lenguaje en el que no es posible usar incorrectamente las expresiones no se puede hablar de significado. La primera premisa de este argumento sostiene que un requisito indispensable para que un lenguaje pueda considerarse significativo es que pueda haber algo como el uso incorrecto de sus expresiones.

La segunda premisa afirma que un lenguaje privado carece de la posibilidad del uso incorrecto de sus expresiones. En un lenguaje privado “cualquier cosa va a parecerme correcta y esto significa que aquí no podemos hablar de ‘correcto’”(Wittgenstein (1953: p. 277, Apart. 258.)). -La argumentación de Wittigenstein en contra de un lenguaje esencialmente privado está escrita en las Investigaciones entre las páginas 219-255, apartados 243-358-.

Según Wittgenstein, un lenguaje esencialmente privado y significativo es imposible, ya que el significado depende de la posibilidad de utilizar las palabras incorrectamente. Es decir, que en un lenguaje de este tipo no es posible distinguir entre las cosas como son y las cosas como aparecen. “(…)(Como si alguien comprase varios ejemplares del periódico de hoy para cerciorarse de la verdad de lo escrito). Consultar una tabla en la imaginación es tan poco consultar una tabla, como la imagen del resultado de un experimento imaginado es el resultado de un experimento”. (Wittgenstein, (1953: p. 231, Apart. 265)).

En última instancia, el argumento del lenguaje privado afirma que estamos comprometidos con un mundo público, porque el lenguaje es significativo. Este argumento impide que podamos cuestionar la existencia del mundo externo, debido a que para poder hacer cualquier pregunta o afirmación con sentido tenemos que partir de un lenguaje significativo que lo supone. De este modo, la posición escéptica de Descartes al comienzo de sus Meditaciones, y la posición idealista de Berkeley (posición que también asumen Locke y Hume) no se puede plantear legítimamente, sin violar las condiciones de significación.

Preguntas de estudio
1) Explique lo más detalladamente posible los argumentos cartesianos que conducen al escepticismo.
2) Reformule con sus propias palabras la suposición que contiene la argumentación escéptica de Descartes, y explique separadamente las implicaciones de esta suposición.
3) ¿Qué implica la afirmación de cartesiana de que puede existir un genio maligno?
4) ¿Por qué sostiene Berkeley que sólo podemos percibir nuestras propias ideas?
5) Explique la diferencia entre cualidades primarias y secundarias.
6) ¿Cómo se puede criticar el argumento de la ilusión?
7) Reconstruya el argumento kantiano que intenta probar el realismo directo.
8) Explique cómo el argumento de Wittgenstein rechaza el idealismo.

Autor: Gabriel Eduardo Vargas D.

No hay comentarios:

Publicar un comentario